jueves, 25 de julio de 2013

La razón: Introducción

La Virtud

Camino por las calles de Antofagasta cazando miradas. Mis pies han recorrido el asfalto que nos encierra en esta ciudad de mentiras.
Mi mente cruza pasajes que jamás existieron mientras mi cuerpo atraviesa el flujo de construcciones sociales que nos alimenta.

Paseo Pratt está oscuro hoy.
La gente me observa, les devuelvo la mirada.



La Sangre

Una vez encerrado en mi cuarto, testigo de muchas invenciones mías, pensé en un reino poblado por seres alados que cruzaban el cielo grácilmente.

De chico mostré curiosidad por los varones. Mi mamá se preocupaba por que los demás niños eran demasiado bruscos para mí, el niñito delgado y pequeño que temía ensuciarse las manos jugando a algo que no sucedía dentro de su cabeza. 

Mis pensamientos siempre han sido lo más valioso que he tenido, incluso aquéllos pensamientos que algunos considerarían inapropiados para un niño de seis años, pero estaban allí y eso era todo lo que importaba



La verdad

Mientras estábamos acostados me abrazaste fuertemente y me susurraste "No te vayas".
Me di vuelta para ver tu rostro mejor. Me besaste y me sobresalté.

Algo pasó allí que convulsionó mi corazón, mi mente, mi realidad y por sobre todo: mis sentimientos.

Saliendo por la puerta, mis pies pisaron la tierra tan abundante en los barrios bajos de Antofagasta. Sostuve fuertemente la mochila que me regaló mi papá hace mucho tiempo y emprendí camino hacia mi casa.

"Alguien cómo yo no debería haber hecho eso", pensé, "Mirador en menos", respondió alguien dentro de mí. Aún busco quién fue. ¡Maldito roedor!

Recreé dentro de mi cabeza mis labios con los suyos, bailando dentro de nuestras bocas. La señora de la esquina me miró cómo si supiera en lo que estaba pensando. Bajé mi mirada y seguí caminando castigándome por el pensamiento pecaminoso.

Quería repetirlo.


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